A San Gimignano llegué con la oferta de los trenes italianos de los sábados. Por diez euros, si mal no recuerdo, podías comprar el billete que quisieras a cualquier parte de Italia. Y un sábado entero en un pueblo así de alucinante, da para mucho.
Recuerdo que mientras dibujaba este patio, se acercó un turista japonés y con un gesto me
preguntó si vendía el dibujo...le dije que no. ¿Dará con este blog once años después?
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